Es increíble como una persona te puede marcar tanto en casi 3 meses, como un chaval que parece de hielo en las manos correctas se derrite, como puedes ver la ilusión en sus ojos y las lágrimas que nadie ve acompañadas de un “por favor no te vayas“ y la realidad que cabe en “las personas que menos demuestran, muchas son las que más sienten“.
Y te pido perdón por las veces que te he fallado, te juro que mi intención nunca fue fallarte, que no quería ver ninguna de las lágrimas que vi en tus ojos y menos por mi puta culpa. Que nunca creí que llegarías a quererme todo lo que me quieres -o dices quererme- y tampoco creí que llegaría a quererte tanto como lo hago, es decir, hasta que duela.
Y si, digo hasta que duela, porque a veces, más bien a días, me duele quererte. Porque sé que no he sido la mejor novia y creeme que día a día me lo recuerdo, y me duele saber que te he fallado y que por mi facilidad de cagarla, esto ya no es lo mismo. Y ojalá que algún día te des cuenta de que esta idiota nunca ha dejado de quererte ni de quitarte la importancia que realmente tienes, que tienes para mi.
Pero hay cosas que no dejan de doler y quererte creeme que me duele día a día, solo que soy esa clase de torpes que siempre se equivocan con la misma piedra y que en lugar de coger y apartarla del camino, me siento con ella a sabiendas de que me puedo lastimar.
Que error hubiera sido no cometerlo y más, tratándose de ti.
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