Se está
acabando el verano y muy pronto llegará el invierno trayendo el frío a su lado.
Es entonces cuando nos daremos cuenta que, a veces, necesitamos un abrazo de
esos que sean estufa cuando se congela el corazón. Pronto volveremos a
encontrarnos en las mismas calles de Galicia, volveré a sentarme en el mismo
banco que hicimos nuestro tantas veces. Te recordaré con lágrimas en los ojos y
las utilizaré para borrar este escrito. Cuando llegue el invierno, me arroparé
con miles de dudas y me daré cuenta que no es mejor solo que mal acompañado,
sino que es preferible acompañarse de Soledad. Ella también se siente sola de
vez en cuando.
Vendrá el
frío y yo pararé a comprar ese café que tanto te gustaba tomar los domingos.
Recordaré tu risa de fondo cuando todo empezaba a funcionar. Miraré hacia atrás
sólo por si tengo la suerte y te veo doblar la esquina. Lanzaré cien besos al
aire solo por si la nonagésima novena vez te llega a ti por arte de magia.
Y de
magia estoy hablando. De la magia que creábamos cuando se nos acababan las
dudas. Ahora tendré que aprender a hacer el truco yo solita. Y si el truco no
funciona, siempre nos quedará el trato.
Trato es
el que hizo mi piel con las yemas de tus dedos, el que hizo mi boca cuando
rozaba la tuya. El
que hacías tú cuando me mirabas.
Me
mirabas y sonrías y decías: ''Eres preciosa''. Y no sabía si hablabas de mi o
de la tela que me ahogaba tantas veces. Y sí, ahogada me encuentro ahora. Con
un millón de dudas y dos millones de inseguridades. Esas mismas que tú
convertías en virtudes. ¡Y qué razón tenían cuando me decían que no duraría!
Que todo en la vida se evapora.
Pero,
viene invierno, y tú no estás.
No te
preocupes, corazón. Te prometo que algún día volverás a latir por alguien más.
Volverá a
llegar el calor tarde o temprano.
Al fin y
al cabo, sólo es invierno.
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